El arte invisible de la corrección

El trabajo silencioso que hace que un texto respire

3/31/20261 min leer

Cuando terminamos de escribir un texto sentimos que ya está. Que la historia ha encontrado su forma y que las palabras han dicho lo que tenían que decir. Cerramos el documento, lo leemos una última vez y pensamos: «ahora sí».

Pero muchas veces es justo ahí cuando empieza otro trabajo, más silencioso y casi invisible. Se trata del arte de corregir, porque, efectivamente, la corrección es un arte.

Corregir no trata solo de buscar erratas o dar con tildes que faltan o sobran. No es una lista de normas ni un ejercicio frío de gramática. Una buena corrección consiste en leer de otra forma; una lectura lenta, atenta, respetuosa con la voz del autor y con el pulso de la historia.

El corrector no escribe el texto ni tampoco lo reescribe... Lo escucha.

Escucha dónde una frase se tropieza, dónde una palabra pesa demasiado o dónde una idea necesita un poco más de aire. Su trabajo consiste en limpiar lo que distrae, ordenar lo que se desborda y ayudar a que el texto encuentre su propio ritmo.

Por eso, la corrección es, en cierto modo, un arte invisible.

Cuando está bien hecha, nadie la nota. El lector simplemente avanza por las páginas con naturalidad, como si el texto hubiera nacido así desde el principio. Pero detrás de esa aparente sencillez hay una mirada cuidadosa, casi artesanal, que ha acompañado al texto hasta su mejor versión.

Quizá por eso corregir significa cuidar las historias, otorgarles espacio para respirar.

Corregir es acompañar a un texto hasta que encuentra su mejor forma.

Escribir Infinito

Descubre libros y productos literarios únicos.

Contacto

editora.escribirinfinito@gmail.com

+34 657337160

© 2024. Todos los derechos reservados