La geometría de las velas

Descripción de la publicación

9/30/20262 min leer

El mes de septiembre siempre viene con una sensación extraña de reseteo, pero este año, tras sumar una vuelta más al sol el pasado día once, me ha dado por pensar en la evolución geométrica de las velas de cumpleaños.

Cuando eres pequeña, soplarlas es un superpoder absoluto. Un ritual solemne en el que concentras todos tus deseos frente a una preciosa y rica tarta que parece el centro del universo. Después, llega una época en la adolescencia en la que el número empieza a dar un poquito de pereza o te abruma el peso de las expectativas. Pero, de repente, cruzas cierta línea invisible y algo cambia. Con la madurez, cumplir años se convierte en un acto de gratitud consciente. Aunque hemos de reconocer que, a veces, el paso del tiempo también da un poco de vértigo, porque sabemos que la vida te da y te quita, que en cada año que sumamos hay ausencias que siguen doliendo y espacios vacíos de los que ya no están, a quienes seguimos recordando en cada paso.

Aun así, mirar atrás se convierte en una complicidad tierna con las versiones anteriores de nosotras mismas. La niña que miraba al cielo con curiosidad infinita sigue viva aquí, porque yo sigo buscando mi estrella cada día; dudo menos que antes, es verdad, pero todavía tengo muchas preguntas sin respuesta. Y esa mujer de hoy por fin habita su propio espacio con calma, con sus cicatrices bien ordenadas y sus propias reglas.

La vida no es una línea recta, sino una colección de pequeños logros que merecen su propia fiesta.

Y es que nos han vendido que solo hay que celebrar los grandes acontecimientos, como si la alegría tuviera que pedir cita previa. Pero la verdad es otra: un cumpleaños es solo una excusa que pone el calendario, pero en el fondo hay que celebrar el presente.

Hay que celebrar el té caliente de las mañanas, terminar un proyecto que nos costó lágrimas, una tarde tranquila de escritura, o esas pequeñas victorias invisibles que nadie más ve, pero que nos hacen más fuertes. Estar aquí, luchando, sintiendo, creando y sosteniendo el pulso de la vida, ya es una fiesta diaria.

Así que brindo por eso. Por seguir sumando vueltas al sol sin prisa, por apreciar los pequeños detalles, por llevar a los que faltan en el centro del pecho y por recordarnos que cualquier día es perfecto para celebrar la vida.

¡Feliz cumpleaños a todos los que estáis al otro lado!

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